BOLIVIA. Parte 1

Mi entrada en Bolivia la hacía cargado de una fuerza hercúlea. Las ganas y el entusiasmo me empujaban como si de un viento huracanado soplando a mi favor se tratase (aunque en la realidad fuera todo lo contrario).

Había escuchado de Bolivia que contaba con la más elevada población indígena de Sudamérica y que la naturaleza está continuamente presente en su forma más inhóspita y salvaje. Así, este país se me antojaba de una forma muy especial.

BOLIVIA. PARTE 2

Dos días, con sus dos noches, tardé en cruzar el Salar. Se me hace casi imposible describir las sensaciones que uno siente al sumergirse en ese mundo blanco infinito.

Es el azul intenso del cielo el “pellizco” que te devuelve puntualmente a la realidad pues la ausencia de horizonte, de cualquier otro tipo de referencias o de cualquier objeto o forma reconocible, hace que te transportes a un mundo mágico inimaginable.