CHILE. CARRETERA AUSTRAL

Fecha--------------------------------------------- 26 de Diciembre de 2014

Distancia total recorrida--------------------------------------- 19.530 Kms

Actuaciones realizadas----------------------------------- 8 (162 en total)

Diarreas--------------------------------------------------------------------- 7

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Mi nueva compañera de aventuras y yo cruzamos a Chile por Futaleufú, con la enorme ilusión de encontrarnos con la archiconocida Carretera Austral, a través de la cual bajaríamos hasta Villa O’Higgins, lugar donde esta acaba, dejando el territorio chileno totalmente incomunicado y despoblado hacia el sur durante algo más de 500 kms

Hasta hace asombrosamente poco La Patagonia chilena estaba prácticamente deshabitada. Los indígenas que vivían en la zona y los poquísimos pobladores que la ocuparon cuando estos fueron salvajemente exterminados, se desplazaban por esta zona montañosa a través de intrincados senderos. Fue más o menos en la misma fecha en que mi madre me trajo al mundo, hace 40 años, cuando Pinochet comenzó a construir la Carretera Austral que comunicaría esta zona Patagónica con el resto del país. Dadas las condiciones tan duras de la zona ofreció tierras a aquellos que aceptaran poblarlas consiguiendo así dar vida a uno de los territorios más hermosos del planeta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  Todo es asombrosamente joven allí. La mayoría de sus diminutas poblaciones no cuentan con más de 40-50 años de edad y no es difícil cruzarse con el fundador del pueblo paseando por alguna de sus calles. A esto hay que añadirle, relativizando, que hace poquísimo tiempo el inmenso campo del hielo sur aledaño cubría toda la zona por lo que no ha habido tiempo de crear una capa fértil lo suficientemente gruesa para sostener las raíces de los enormes árboles que crecen en la zona. Es por esto que se ven miles de árboles caídos y una naturaleza aún tan joven como la civilización a la que dan acogida

Claro que para aquellos pobladores que estaban acostumbrados a desplazarse por maltrechas veredas, aquellos 1000 kilómetros de Carretera Austral pobremente empedrada era, y es, una auténtica maravilla, pero para un cicloviajero cargado con cerca de 100 kgs de peso y 4 ruedas pegando botes, esta carretera suponía la peor de las torturas. Más aún después de venir un mes pedaleando por otros 1000kms de rutas de las mismas características.

No obstante estas dificultades tienen su lado positivo. Este tipo de caminos te acerca mucho más a la naturaleza, son escasamente transitadas y tienen esa componente de “deliciosa complicación” que tanto me atrae. Considerada en el “mundillo cicloviajero”como una de las más bellas rutas en nuestro planeta, recorrerla se nos antojaba de una manera especial.

 

 

 

 

 

 

  Pero antes de emprender nuestra andanza, mi cabeza, casi tan despoblada como la zona que nos disponíamos a recorrer, me pedía volver a lucir el brillo al que la sometí un par de meses antes cuando la rapé por completo. En un viaje se desarrolla un asombroso ingenio para reinventar la utilidad de muchas de las cosas dándoles un uso diferente a aquel para el que fueron concebidas; un cepillo de dientes para limpiar la cadena, un calcetín viejo (que no sucio…) para colar el café, una cámara pinchada para sustituir un elástico dañado, un condón tristemente caducado para transportar agua…A Noemí se le ocurrió la genial idea de utilizar su maquinita depiladora Epilady para rapar mi cabeza asegurándome, con un muy persuasivo convencimiento, que el aparato tenía no sé qué sistema que evitaba los tirones del bello… ¡¡Y un mojón de pato pa la maquinita y su sistema de mierda!!.

Ni el viento más huracanado, ni las subidas más empinadas, ni las tormentas más furiosas… Sin duda fue aquel doloroso proceso el momento de mayor sufrimiento del viaje. Posiblemente de toda mi vida. Mi cabeza, enrojecida como un tomate bien maduro, no consiguió brillar como esperaba hasta que la irritación hubo pasado. Por un momento pude sentir lo que los vaqueros del lejano oeste experimentaban cuando algún indio les arrancaba la cabellera

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