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El pequeño Jean a pesar de que sufría de diabetes era imparable. Era el único que no hablaba ni una palabra de español así que el primer día se mantuvo cautelosamente al margen de las conversaciones que el resto del grupo compartíamos enérgicamente. Se limitaba a sonreír, algo que hacía continuamente. Pero siempre hay estrategias para romper el hielo, lenguajes internacionales con los que uno puede hacerse querer y abrir puertas a la comunicación. En este caso, y dada la edad del pequeño Jean, escogí la de ofrecerle mi dedo índice para que tirara de él haciendo crujir, a la par, un hermoso pedo que guardaba con recelo para la ocasión. Técnica infalible que nunca falla… Me había ganado su amistad y admiración. Desde aquel momento no pararíamos de “hablar” de multitud de chorradas haciéndonos entender de las formas más rocambolescas posibles.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Con Alban y Funny era muy fácil comunicarse pues hablaban algo de español, sobre todo Alban con quien pasaba largas horas conversando. Eran todos unos chicos increíbles. A ninguno de los tres les amedrentaba la lluvia, ni el barro que se acumulaba por todas partes y lejos de andar todo el día de pelea, tendían a ayudarse entre ellos cuando alguno lo necesitaba

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los chicos habían cursado su año escolar con magníficos resultados a través de un sistema cibernético que ofrece el gobierno francés

Después de una muy inspiradora y divertida semana juntos llegamos a Villa Mañihuales donde tuvimos que separarnos. Nosotros planificamos estar allí unos días y ellos se veían en la obligación de continuar con cierta premura para conseguir unos medicamentos que Jon necesitaba. El día de la despedida, después de asistir a uno de mis espectáculos, nos invitaron a un delicioso almuerzo en un restaurante.

“Os espero en Sevilla. O quizás nos veamos antes en Francia…”; Les dije con toda naturalidad después del abrazo de rigor, como si eso fuera a ser así tan a ciencia cierta. Siempre me gusta pensar que voy a volver a ver a la gente que voy conociendo por el camino y a la que tanto cariño llego a coger. Imagino que es una forma de protegerme de este aspecto ineludible del viaje que tantos momentos amargos me ha hecho pasar. Siempre he pensado que un viaje así tan solo tiene dos grandes dificultades: El estar lejos de la gente a la que quieres y el querer a la gente de la que tienes que alejarte. Tan grande es mi deseo de volver a verlos…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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