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Empapados, en compañía de un simpático alemán y con mi amiga dolorida tras una aparatosa caída, llegamos a Villa O’Higgins, donde finaliza la Carretera Austral: ruta que amé y odié con la misma intensidad. Tantos kilómetros de caminos en mal estado y, sobre todo la incesante lluvia, contrastaron con los impresionantes paisajes que nos acompañaron en todo momento, aunque en muchos casos las densas nubes no nos permitieran disfrutar de ellos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En cualquier caso y a pesar de los buenos ratos que pasé en ella, jamás defendería esta ruta como una de las más interesantes del mundo para el cicloturismo, tal y como es conocida. Se me ocurren muchos otros lugares en Sudamérica con paisajes más singulares y menos conocidos. Lugares que no tienen igual y que llenos de personalidad y vacíos de turistas, te dejan experiencias mucho más auténticas e intensas, cultural y paisajísticamente hablando, que la tan alabada Carretera Austral

Queríamos descansar unos días en Villa O’Higgins con la intención de pasar allí la Noche Buena pero los precios del hospedaje allí eran prohibitivos. No pasaron ni dos minutos de desconcierto cuando esos infatigables astros que velan por la suerte de mi viaje decidieron alinearse una vez más para poner la solución perfecta a nuestro problema. En el momento y el lugar precisos estos astros pusieron a la persona indicada, quien haría de nuestra estancia en el pueblo una absoluta delicia.

Mauro nos abordó en la calle y antes de que nos diéramos cuenta estábamos invitados a su acogedor camping ecológico, a cenar con sus amigos la noche del 24 y a compartir todo lo compartible hasta nuestra partida. La generosidad de Mauro y sus amigos va más allá de abrirles a desconocidos las puertas de su casa y ofrecerles todo lo que tienen, además dedican muchísimo tiempo a los demás trabajando duro (y de forma altruista) para hacer llegar la cultura a su comunidad y para mantener la voraz inversión privada lejos de allí. Si no fuera por ellos, y otros tantos, ahora la Patagonia estaría llena de represas y líneas de alta tensión que cruzarían por completo el país para abastecer a las minas del norte: un proyecto de la empresa extranjera Hidro Aysén (en parte de ENDESA) que el Gobierno chileno ya había dado el visto bueno para construir. Esta pequeña minoría consiguieron unir a todo un país que al unísono gritó, bien fuerte: “¡No a las represas!”. Tan fuerte gritaron que los intereses económicos quedaron esta vez por debajo de los humanos. La viva historia de David y Goliat que me llena de “orgullo ajeno” y de esperanza.

Allí coincidiríamos por segunda vez con mis amigos japoneses quienes llegarían justo antes de nuestra partida. Poco a poco íbamos cogiendo confianza y las ganas de estar juntos empezaban a sentirse en el ambiente. No obstante partimos un par de días antes que ellos pues ambos necesitaban descansar

La única manera de salir de allí, que no fuera dar la vuelta y regresar por donde habíamos llegado, era atravesar un enorme lago para llegar a un embarcadero conocido como Candelario Mancilla. Dada la exclusividad de ese trayecto el precio del pasaje era más caro de lo que mi mermado presupuesto podía permitirse, así que esta vez lo astros optaron por escribir una carta de Reyes Magos a mi madre…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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