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Después de semejante esfuerzo y tras haber superado un nuevo reto, con las endorfinas y serotoninas desempeñando su implacable trabajo, la llegada al Chaltén, con el Fitz Roig de fondo, no pudo ser más emocionante. La naturaleza, como siempre, sabiendo premiar con su grandeza a aquellos que con coraje y entusiasmo deciden aceptar sus desafíos.

Con muchos abrazos y un buen y merecido revolcón por el suelo de la calle de entrada al pueblo, celebramos nuestro reencuentro con el asfalto. ¡Estábamos de nuevo en Argentina!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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NOTA: Gracias de nuevo a Noemi por todas las hermosas fotos que me ha regalado, algunas de las cuales podéis disfrutar en esta crónica

Os dejo algunas fotillos más de espectáculos que hice en esta remota zona chilena: 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   

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