CHILE CENTRAL

Fecha------------------------------------------ 20 de Octubre 2014

Distancia total recorrida--------------------------- 17.790 Kms

Actuaciones realizadas----------------------- 12 (147 en total)

Diarreas--------------------------------------------------------- 7

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“Los chilenos son antipáticos y estirados”. Esa era la advertencia de la mayoría de las personas con quienes hablé de Chile antes de entrar en este alargadísimo país de cerca de 5000 kms de longitud.

Quizás se deba a las continuas disputas fronterizas que han tenido con los países colindantes a lo largo de los últimos años, o quizás a esa absurda tendencia a la aversión que se suele tener con los países vecinos, pero lo cierto es que no puedo estar más en desacuerdo con semejante opinión.

Ha sido poco más de un mes el tiempo que he tardado en recorrer los 1300 kilómetros que separaban el paso Libertadores, desde donde ingresaba en Chile, hasta el paso Hua Hum, lugar a través del cual abandonaría el país. No vibré con asombrosos paisajes como lo venía haciendo desde hacía tiempo. No me sedujo en absoluto su cultura tan terriblemente capitalizada. Tampoco me gustaron los nuevos precios a los que me tenía que enfrentar, ni los grandes centros comerciales que salpican todo el país y que prácticamente había dejado de ver desde que comencé mi viaje. Pero sin embargo sí que quedé conmovido por la generosidad, el calor y la simpatía de los chilenos, que desde el día que pisé el país y hasta el día que lo abandoné me trataron con un cariño que jamás podré olvidar

Aquellas impresionantes montañas nevadas que tantas emociones me habían regalado durante los 5 días que tardé en atravesar la cordillera, flanqueaban la impresionante bajada desde la que aterrizaría en mi primer destino; Los Andes. Allí me esperaban Camilo,su loquita familia y su adorable polola (novia en chileno), a quienes les sobraron un par de minutos para tratarme con una confianza y una naturalidad a la que le sacamos un jugo exquisito. En los dos días que pasé allí nos dio tiempo de sobra a intimar, a organizar una gran barbacoa con su familia y amigos y a hacer un espectáculo en una escuela cercana.

Ingresaba en el país mientras este celebraba su independencia con las “Fiestas Patrias”. Todas las casas lucían una bandera chilena en su jardín, a veces de proporciones descomunales. Tanto patriotismo me sorprendía sobremanera y aunque es cierto que es una actitud muy extendida en chile, me explicaron que el gobierno te obliga a participar de esta costumbre multándote en caso de que una bandera “limpia, proporcionada y sobre un mástil blanco no inferior a cuatro tercios de su vuelo”, no ondee en tu jardín los días 18 y 19 de Septiembre

Un par de jornadas bien pasaditas por agua me llevaron de nuevo hasta el Pacífico, del que me había despedido casi 6 meses antes.

Valparaiso parecía estar esperándome pues cuando me asomé a ella descubriéndola bajo la lluvia desde lo alto de uno de sus cerros, se abrió una enorme brecha azul en aquel cielo plomizo que bañó de luz toda la ciudad. Parecía querer mostrarme orgullosa su bellísima decrepitud, su alegre desorden, su bravura para seguir subsistiendo, para seguir manteniéndose en pie.

 

 

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